El Templo de Salomón; lo que un Masón no debe ignorar

Al igual que en los antiguos templos, a la entrada del Templo del Rey Salomón, Hiram construyó dos inmensas columnas de bronce que no formaban parte de la estructura del templo, puesto que su función no era sostener la edificación, no eran “portantes”, no tenían utilidad práctica. Eran columnas entorchadas, con fuste de forma helicoidal, ubicadas afuera, en la entrada del templo.

Desde tiempos remotos, la entrada de los lugares sagrados han sido custodiados por dos pilares, ya que representan una importante puerta de entrada o paso hacia lo desconocido. También era típico de la arquitectura fenicia tener columnas independientes y decorativas. Eran de las grandes columnas de oro macizo, consagradas al viento y fuego, que se encontraban en la ciudad de Tiro a la entrada del templo de Melkart.

También en templo fenicio de Hasor había dos columnas frente a la puerta de entrada. Este templo, al igual que el de Salomón, tenia un vestíbulo principal y, sobre una plataforma algo más alta, un recinto sagrado en la parte trasera.

Templo de Salomón

En el primer libro de Reyes, (capítulo VII, versículo 21) se dice: “Estas columnas erigió en el pórtico del templo; y cuando hubo alzado la columna del lado derecho, le puso por nombre Jaquín, y alzado la columna del lado izquierdo, llamó su nombre Boaz” (lR. 7,21). En el segundo libro de Crónicas, capítulo 3, versículo 17, se reitera el hecho diciendo: “Y colocó las columnas delante del templo, una a mano derecha, y otra a la izquierda; y a la de mano derecha llamó Jaquín, y a la de la izquierda, Boaz”

La columna de la derecha dedicada a Jaquín nos plantea dudas en cuanto a su significado, pues investigando en los libros del Antiguo Testamento encontramos: a un Jaquín, en el Pentateuco, que era hijo de Simeón, hijo de Jacob y padre de los Jachinitas o asociación de hombres justos tal como consta en Gen.46, 1O, en Ex. 6, 15 y en Núm. 26,12. Pero también en los libros históricos se habla de otro Jaquín, que era un sacerdote contemporáneo del rey David, tal como se indica en 1R.7, 21 y en 2Cron.3, 17. Según las crónicas, se llamó también así el jefe de una familia Sacerdotal, a quien tocó el turno número 21 entre los 24 que tuvieron a su cargo el servicio del Templo de Jehová.

La columna de la Izquierda dedicada a Boaz, es consagrada sin duda al bisabuelo de David, quien fuera un rico empresario judío casado con Ruth, una viuda extranjera caída en desgracia. Boaz había sido Juez en la época en que los Jueces gobernaban al pueblo de Israel.

Dado que la columna de la izquierda ofrendada a la sucesión de la familia real de la que proviene Salomón, hijo del Rey David y biznieto del Juez Boaz, es muy probable que la de la derecha este consagrada a la familia Sacerdotal a cargo del servicio del Templo.

Cabe destacar que solo transponían estas columnas el Rey y los sacerdotes, los que posteriormente ingresaban al Templo a través de una gran puerta enchapada en oro, de aproximadamente 10 metros de alto y 4 de ancho. Tras de esa puerta se encontraba el vestíbulo de entrada, el Musam. Después de este vestíbulo, se encontraba la estancia principal, el Hajal o Santo, iluminado a través de unas ventanas altas. La anchura y longitud guardaban una proporción de 1:2, lo que significa que la planta del Hajal estaba compuesta por un doble cuadrado. El forjado de piedra se cubrió con un solado de madera de cedro. Las paredes del «Hajal» se cubrieron con láminas de cedro, traídas de las montañas del Líbano, el mismo material de las vigas del forjado.

La tercera cámara, el Pemir, El Lugar Santísimo o Sancta Sanctorum, se encontraba en la parte trasera, a un nivel más alto que el Heijal, y sólo podía accederse a él subiendo por una escalera. El Pemir tenía la forma de un cubo de aproximadamente 10×10×10 metros (20×20×20 codos), y en su centro se ubicó el Arca de la Alianza. Éste era un arcón grande, hecho de madera de acacia, cubierta con planchas de oro y con cuatro anillas a las esquinas en las que se ponían varas para transportarla. Dentro del Arca se guardaron las Tablas de la Ley, entregadas por el mismo Dios a Moisés. En estas Tablas se grabaron los Diez Mandamientos, sirviendo de conexión entre Dios e Israel.

De esta manera, los dos pilares que permiten el paso hacia lo sagrado y desconocido, es muy probable que hayan representado una a la familia Sacerdotal y la otra a la dinastía del Rey David.

Otras versiones atribuyen los nombres a su significado:

El nombre de Boaz significa “en El (Dios) hay fortaleza”
El nombre de Jaquín significa “El Establecerá”,

Argumentan que cada una de estas palabras es la primera de una inscripción que entera decía: “Que el Señor establezca (Jaquín) el trono de David y su reino para siempre y entonces en la fortaleza (Boaz) del Señor se regocijará el rey”. Esta teoría, aunque es lógica e interesante y quizá haya sido el espíritu de las palabras, no es la impresión que dan los textos bíblicos que simplemente citan los nombres de las columnas como si hubieran sido nombres personales.

Las columnas J y B (Jaquín y Boaz) deben estar siempre en su lugar: Jaquín (D יכי) a la derecha y Boaz (בועז) a la izquierda. En los templos masónicos, las dos columnas del Templo (J y B), no deben estar ni muy cerca ni muy lejos: debe haber un espacio entre ellas como para que la luz pase por allí.

Significados de las dos columnas

Al igual que los símbolos más ocultos, los dos pilares masónicos ocultan múltiples significados. Para algunos representan el equilibrio entre dos fuerzas opuestas, el activo y el pasivo, el Sol y la Luna, Bueno y Malo, la Luz y la Oscuridad. Entre esos opuestos está la puerta que conduce a la Casa de Dios.

En las enseñanzas cabalísticas, Jaquín y Boaz representan los dos pilares de Sepiroth, el Árbol de la Vida.

En el misterioso árbol Sephirotico, estos dos pilares simbolizan la Misericordia y la Severidad. De pie ante la puerta del Templo del Rey Salomón, estas columnas tenían la misma importancia simbólica que los obeliscos ante los santuarios de Egipto. Cuando se interpreta cabalísticamente, los nombres de los dos pilares significan “En la fuerza se establecerá mi casa. ”

La columna de la derecha, que se llama Jaquín, tiene su fundamento en Chokmah, la Sabiduría derramada por Dios, los tres globos suspendidos de ella son todas las potencias masculinas. La columna de la izquierda se llama Boaz. Los tres globos en ella son potencias femeninas, ya que se basa en la comprensión, una potencia receptiva y maternal. Sabiduría, como se ha señalado, se considera como radiante, y la Comprensión como receptiva, o algo que es llenado por el fluir de la Sabiduría. Los tres pilares son en última instancia, unidos en MALCHUT, en el que todos los poderes de los mundos superiores se manifiestan”.

El concepto de los dos pilares que se interponen a las puertas de los lugares santos se remonta a las civilizaciones antiguas. El acto de “atravesar” o “pasar por pilares”, representa simbólicamente la transformación o el inicio. Las columnas constituyen un portal firmemente establecido que claramente separa el mundo profano a lo “desconocido” y “de otro mundo”. En la antigua Grecia, se llamaban las Columnas de Hércules, los promontorios que flanquean la entrada del Estrecho de Gibraltar.

De acuerdo con el relato de Platón, el reino perdido de la Atlántida se encontraba más allá de las Columnas de Hércules. La tradición renacentista nos dice que los pilares llevaron la advertencia “nec plus ultra” (también “non plus ultra”, “nada más”), que sirvió como una advertencia a los navegantes, para no seguir avanzando. Simbólicamente, más allá de las Columnas de Hércules podría significar el abandono del mundo material para llegar a un reino superior de iluminación.

Por otra parte ambas columnas evocaban a las que, según la leyenda, sobrevivieron al diluvio, y en las que fueron grabadas todas las ciencias, y los conocimientos iniciáticos heredados de la humanidad primigenia.

También estos pilares paralelos indican los signos zodiacales de Cáncer y Capricornio, que se colocaron en la cámara antes de la iniciación para representar el nacimiento y la muerte – los extremos de la vida física.

Las columnas Jaquín y Boaz aluden a un simbolismo cósmico relacionado con los dos solsticios, en correspondencia con la observación ritual del sol a lo largo del año. El observador se situaba en el centro del lugar sagrado, de cara al Este, es decir de cara al sol naciente. Seguía los desplazamientos progresivos de las salidas del sol en el horizonte, entre los dos límites extremos alcanzados por los solsticios de verano e invierno. En algunas alineaciones prehistóricas de Bretaña, se señalaban esos dos puntos esenciales con dos postes, dos menhires, o con dos columnas si se trataba de templos más elaborados. Es muy probable que las columnas hayan señalado estos límites.

Con las columnas Jaquín y Boaz se establecía un enmarque espacio-temporal indicado por las distintas posiciones del sol y aluden a los dos solsticios, significando éstos los límites del sol en su recorrido, norte-sur, invierno-verano. Al mismo tiempo esos pilotes ayudaban a definir los puntos medios relacionados con los equinoccios de primavera y de otoño.

El Templo de Salomón no era un lugar abierto a todo el pueblo, sino a un grupo limitado de personas. La instalación de las dos columnas de bronce fundido a la entrada del templo marcaban la frontera con el mundo profano de modo que, aquellos pocos que podían penetrar en el templo realizaban un auténtico rito de transición al pasar de la oscuridad a la luz, pues por el Oriente penetraba la luz que irradiaba el templo en donde se encontraba el Arca de la Alianza. Al igual que los egipcios, se creía que el Templo era el recinto donde vivía la Divinidad y es por eso que había una columna de humo permanente que simbolizaba su presencia.

El templo de Salomón tenía una configuración en donde ningún detalle era arbitrario.

Podemos conjeturar que las columnas hayan sido emplazadas para señalar que: ese límite entre el mundo profano y el celestial, estaba enmarcado por la línea monárquica sucesoria de los descendientes de Boaz (David/Salomón) y la Sacerdotal de Jaquín.

Por Jose Maria Villa

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